sábado, 24 de octubre de 2015

Sanguinetti, Pelliza, Otero, Rolleri, León, Roman y Stolbizer: los siete viñateros de la Reina del Plata 3

José Sanguinetti es uno de los vecinos de la antigua Buenos Aires cuyo  nombre  resulta  fácil  de  ubicar en  la  historia ciudadana. Junto a Tomás Lambruschini fue pionero del barrio de  Coghlan  y sólo ellos vivían en las cercanías cuando la Compañía de Ferrocarriles Pobladores comenzó a tender los rieles que cruzaron por allí en 1891.  Ambos desarrollaban el quehacer de “quinteros” del rubro frutas y hortalizas, pero la aparición del primero en el boletín vitícola del   censo  1895 sugiere que las uvas se contaban entre sus productos favoritos de acuerdo con la superficie abocada al cultivo:  un paño de 6 sobre el total de 16,5 hectáreas,  es  decir, poco más de la tercera parte. Sustentan esa hipótesis otros indicios, como la antigüedad de una viña bien consolidada (15 años), la conducción y poda sistematizados, la composición  múltiple del encepado y el uso 100% enológico declarado ante  los censistas. Pero, ¿qué vinos, hechos dónde y para quién ? Todo a su tiempo, que ya llegaremos a eso.


También fue sencillo hallarlo en el Plano Topográfico trazado el mismo año,  tal  cual  podemos  apreciar  en  la  imagen anterior. Su propiedad (contorneada en rojo) se distingue claramente por las generosas dimensiones y por el curioso formato de paralelogramo “doblado” a la izquierda.  Marqué varios hitos cercanos bien reconocibles en nuestros días. Los números  1  y  2  corresponden a la estación Coghlan  y  al Parque Saavedra, respectivamente. A mitad de camino entre ambos se ve una diagonal que reza “Camino a las Lomas de San Isidro” y no es otra cosa que la actual Avenida Ricardo Balbín, ex Del Tejar. Las inscripciones amarillas marcan las trazas de la avenida Congreso y de la calle Manuela Pedraza, límites sur  y  norte del establecimiento.  Cierta  flecha  naranja  y  roja  señala  una intersección muy cercana al vértice inferior del solar: Congreso y Melián.  Por  último, queda claro que los rieles antes mencionados  (actual  ramal  Mitre  del  ferrocarril homónimo) atravesaban el plantío Sanguinetti de lado a lado en el sector torcido del paralelogramo.


Lamentablemente no tuvimos la misma fortuna cartográfica con los otros dos viñateros afincados en la sección 23, aunque hubiera sido muy interesante. Ambos cuentan con algunos datos significativos: el cultivo  de  las  acreditadas  variedades  vinícolas italianas Barbera y Nebbiolo provenientes de Entre Ríos, en el caso de Lorenzo Pelliza,  y un viñedo cronológicamente bien arraigado (12 años), en el de Otero.  Si  bien  no  resulta  muy  referencial  para nuestras  intenciones  investigativas,  al  menos ubicamos a Pelliza dentro del censo de población , registrado como agricultor  italiano de 54 años junto su esposa Sofía  (también italiana, de 39) y su abundante descendencia nacida en nuestro país: Pascual (22), Teresa (21), Emilia  (15), José (13), María (11), Ricardo (6) y Adela (3).    Todos  están  apuntados conjuntamente en la sección 23, lo cual parece indicar que habitaban en la quinta misma. Como dato adicional, Pelliza es el único que manifiesta un empleo mutipropósito para su producción: uva de mesa y vinos. La lógica dicta que las criollas servían para lo primero y las europeas para lo segundo, pero sólo estoy conjeturando.


No nos vamos a extender  mucho sobre Rolleri por haber sido material de dos entradas subidas durante el año 2013. Todo lo que se desprende de los datos aportados por el censo confirma lo  dicho  en  esa oportunidad. No hay que ser un experto para darse cuenta de que su establecimiento era el más grande, el más antiguo y el más versado en cuestiones de uvas y vinos, además del único dotado de bodega vinificadora formalmente establecida.  Luego, no hubo problemas para encontrar las parcelas del joven  viñedo  de  uvas  criollas  perteneciente  al español Agustín Leon, dispuesto como una figura “alargada” que corre entre las arterias Helguera, Cuenca y Campana por el llano que hoy se llama Villa Santa Rita, al norte del viejo municipio de Flores (1) (2).  En la primera entrada de la serie volcamos la imagen del mapa antiguo, cuya correspondencia del siglo XXI es la que está al costado de este párrafo. Pero quiero llamar la atención sobre algo bien visible en el plano histórico: las calles dibujadas sobre los terrenos de León y de otros vecinos presagian una inminente partición en manzanas y, con toda seguridad, el posterior loteo de la propiedad. Volveremos sobre este punto fundamental en la entrada que viene.


También por Flores se encontraba el modesto fundo del francés Inver Roman con  púberes cepas europeas   y americanas de tres años plantadas a razón de 6.000 por hectárea, bajo una curiosa orientación de las hileras que no es definida de norte a sur ni de este a oeste, sino “de todos lados”. En Floresta, finalmente, vemos al austríaco Fortunato Stolbizer junto a su minúscula plantación de 0,4 hectáreas de uva chinche, ya en el límite entre la superficie de los viñedos relevantes y aquellas anecdóticas parras hogareñas que dominaban los patios y fondos de la época. Ya sabemos con mayor o menor grado de certeza quiénes eran, qué hacían y dónde estaban aquerenciados estos impensados viticultores porteños de origen extranjero, pero quedan por descifrar muchas cuestiones, verbigracia: ¿era redituable el negocio? En el caso de los productores que declararon usar la uva para vinos,  ¿dónde estaban las bodegas elaboradoras?    Y, sobre todo, nos resta determinar los motivos que llevaron a la desaparición de estos emprendimientos agrícolas, porque ninguno subsistió más allá de los primeros años del siguiente siglo. Las respuestas y las conclusiones, en la cuarta y última entrada.


                                                             CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Digo llano porque así lo declara el interesado, y así es todavía hoy. Tal cual hice muchas veces en el caso de Rolleri (a pie y en auto), recientemente  salí  a  deambular por las zonas que otrora cobijaban  a  los  viñedos  cuya  ubicación  pude  establecer fehacientemente, o sea, Sanguinetti y León. Desde el punto de vista topográfico, el primero habla de un  campo quebrado  observable perfectamente en nuestros días (urbanización mediante) gracias a las permanentes  y  pronunciadas subidas y bajadas que hay en el sector delimitado por Melián, Manuela Pedraza, las vías del FC Mitre y la avenida Congreso. En oposición, la caminata de Villa del Parque a Flores pasando por Villa Santa Rita me mostró una llanura casi perfecta,  muy levemente inclinada en el sentido N-S hacia Juan B Justo (antiguo Arroyo Maldonado) y con suavísimas lomas E-O desde Nazca hasta Concordia.
(2) Aunque el barrio fue designado oficialmente Villa Santa Rita en 1972 como homenaje a la parroquia de la calle Camarones construida en 1949, el rótulo religioso del vecindario ya se lee en el mapa de 1895.  Sin dudas, León se inspiró en ello para bautizar su finca.


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