sábado, 11 de julio de 2015

Café al Cognac, ese licor tan apreciado por el gusto argentino de antaño

Tan abundante y variado ha sido el consumo de bebidas en el pasado de nuestro país que su sola historia sería suficiente para llenar con creces el contenido de este blog,  además de requerir un trabajo de investigación a tiempo completo. Con los matices correspondientes a los distintos períodos y coyunturas históricas, semejante compendio es realmente difícil de abarcar en todos sus detalles.  Sin  embargo,  una  mirada  algo  más genérica nos permite tener una idea bastante aproximada sobre los productos favoritos de nuestros antepasados connacionales. Y entre ellos, sin dudas, se encontraban los licores en su más amplia acepción: dulces o secos, cremosos o fluidos, caseros o industriales,  nacionales  o  importados,  moderadamente alcohólicos o generosamente espirituosos. Como lo señalan las estadísticas asequibles a partir de la década de 1850, el renglón de referencia tuvo siempre un destacado papel entre los embarques de ultramar que arribaban a nuestros puertos bajo una gran diversidad de envases contendores en los modos fraccionado o a granel, desde las botellas hasta los recipientes de roble, pasando por las damajuanas.


Ya hacia fines del siglo XIX comienza a percibirse una fuerte competencia  entre  la  importación  y  los  incipientes elaboradores locales, cuyo punto culminante llegaría en la segunda mitad de la centuria siguiente. En efecto, después de la  Segunda Guerra Mundial,  el negocio importador de bebidas se redujo a una mínima expresión, por no decir que desapareció.   Fue en esa misma época que la industria criolla tuvo su gran oportunidad, lo que desembocó en una avalancha de nuevas marcas de  destilados  y   licores extendida   durante   los   siguientes   treinta   años  (1). Precisamente a ese período está referida esta entrada, poniendo el ojo en dos especímenes de un tipo de licor muy apreciado por los argentinos del ayer:  el café al cognac.  Casi todas las generaciones actuales que rondan el medio siglo (como mínimo) recuerdan perfectamente la profusa publicidad al respecto que existía en los medios gráficos, radiales y televisivos durante los pasados años cincuenta,  sesenta   y   setenta,  con un par de marcas realmente emblemáticas, como las que nos ocupan hoy (2).


Elegimos dos botellas cerradas correspondientes a esa época de esplendor licorista nacional, una de las cuales está muy concretamente datada en el año 1980 (lo dice la etiqueta), mientras que la otra puede situarse con bastante aproximación hacia 1970. Ambos elixires fueron degustados en compañía del conocido grupo de amigos que comparte nuestro interés,  tantas veces mencionado,  en este caso como corolario de una buena cena en el populoso  y  eficiente restaurante céntrico porteño Angostura (Reconquista y Lavalle) de Carlos Villa. Sin más prolegómenos, vayamos a la data completa de los mismos, con toda la información de sus rótulos (textual), sus rasgos visibles y sus comentarios organolépticos.

Tres Plumas - Licor Crema de Café al Coñac
Elaborador: Dellepiane S.A.
Ubicación: Ruta 8 Km 17,800. San Martín, PBA.
Alcohol: 27,5°
Contenido de coñac: 1%
Año: 1980
Cierre: tapa rosca
Merma de líquido: nula
Rico, sumamente limpio, sin defectos ni tonos avejentados en aroma y sabor. Hace honor al estereoptipo de “crema” por su textura marcadamente dulce,  untuosa,  dotada  de  cierto  matiz que recuerda al café torrado con azúcar.    No  obstante  esa característica gustativa levemente remilgada, tratándose de un licor dulce posee un buen equilibrio y no deja de sorprender su integridad luego de treinta y cinco años de vida en su envase de vidrio. Puede calificarse sin problemas como un excelente licor añejo.

Dufaur – Licor Fino de Café al Cognac
Elaborador: Dufaur & Cía. S.A.I. y C.
Ubicación: Bucarelli 2696. Capital Federal.
Alcohol: 29,5°
Contenido de cognac: 3%
Año: circa 1970
Cierre: corcho y cápsula de plomo
Merma de líquido: leve
Servido en segundo término, fue una sorpresa para todos los presentes. Lejos del tono denso y opulento de su compañero, mostraba menos color, menos cuerpo y una estructura más fluida, pero con una fineza y elegancia que (me atrevo a señalar) ya casi no existe entre los licores vernáculos.  Estilizado,  profundo, perfectamente balanceado, con un alcohol presente pero nada predominante y un tono de café moderado y a la vez distinguido.  Para  catalogarlo,  lo mejor es apuntar a un "destilado dulce de café".



















De  esa  manera  concluimos  otra  degustación  de  viejas  bebidas  patrias,  donde comprobamos por enésima vez la nobleza y el buen sentido que acompañaba a dicho sector de la industria local en los tiempos idos.   Esto lo hemos postulado antes  y   lo seguiremos postulando hasta el cansancio, tanto más porque cada ocasión lo confirma y en cada caso contamos con la presencia de personas que conocen a fondo el negocio de marras y el trasfondo técnico del asunto. Tanto así como para someterse a los rigores de una cata histórica analítica luego de una comida excelentemente regada…


Notas:

(1) Algo sobre el mismo tema apuntamos en la entrada del 25/5/2014 “Venerable licores argentinos”, donde realizamos una cata de ejemplares fechados entre 1950 y 1970.
(2) No es difícil ubicar antiguas alusiones publicitarias a las dos marcas en cuestión, puesto que se trata de nombres otrora muy famosos. Dufaur fue un importador de renombre a partir del decenio de 1930 y para fines de la década de 1950 comenzó a elaborar localmente toda su gama de destilados y licores.  Dellepiane  es  aún  más conocida y todavía se encuentra plenamente vigente. A mediados de los años setenta, su planta de San Martín era ensalzada publicitariamente como ejemplo de calidad a gran escala, tal como puede apreciarse en el aviso junto al segundo párrafo de esta entrada.


1 comentario:

  1. Muy buenos comentarios! Estoy buscando un lindo regalo y me decidí por este licor, desde Montevideo! :) gracias!

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