lunes, 13 de abril de 2015

Whisky, el inmigrante escocés aquerenciado en Argentina desde 1862

La importación y el desarrollo del consumo de whisky en nuestro país durante el siglo XIX es un tema que merecería ser precedido por una breve introducción relativa a la historia de la bebida, pero sobre ese particular  existen  cientos  (o tal vez miles)  de referencias asequibles en blogs, sitios webs y medios gráficos  de  todo  tipo.  Por  lo  tanto,  sólo  nos limitaremos a señalar que durante el período en que ubicamos las primeras señales del arribo a nuestros puertos de “aguardientes” desde las islas británicas, allá por 1862, la industria en cuestión se encontraba en pleno proceso de crecimiento.   Muchas de las destilerías y marcas mejor reconocidas de la actualidad  nacieron en esa centuria, como Glenlivet (1823), Talisker (1831), Cardhu (1824), Knockando (1898), Glenmorangie (1843) y Glen Scotia (1832), entre tantas otras. No debe extrañar, entonces, que  la presencia de destilados entre los ítems de nuestro tráfico comercial con el Reino Unido sea de tan antigua data,    aunque su análisis detallado genera interrogantes  que trataremos de ir esclareciendo en el debido orden cronológico merced a una serie de viejos testimonios documentales.


Como dijimos, la primera aparición legitimada por estadísticas oficiales resulta ser una importación de origen británico descripta como “aguardiente en cascos” de 1862. No hay ninguna remesa similar enviada desde UK antes de ese año, ni en cascos, ni en botellas, ni bajo ninguna otra presentación, por lo que podemos tomar esa fecha como el antecedente  pionero de la saga whiskera en nuestro país. El renglón de marras apunta 8.100 galones (unos 36.000 litros) (1) que recalaron aquí en recipientes de madera, pero debemos señalar también que no es posible obtener certidumbres absolutas sobre la naturaleza de todo ese volumen. Dicho de otro modo, no hay forma de saber si  los 8.100 galones (compuestos por diferentes embarques a lo largo del año)  corresponden a la bebida de nuestro interés, aunque sí podemos asegurar que dentro de esa cantidad había una parte mayoritaria de whisky,  tal vez rústico,  tal vez primitivo,  tal vez cualitativamente marginal, pero whisky al fin. ¿Por qué motivo hacemos semejante aseveración? Porque (ya que hablamos de Inglaterra), como bien decía el genial Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, las deducciones más lógicas se obtienen luego de descartar todas aquellas que no lo son. Veamos…


A falta de mayores precisiones, ¿qué otras bebidas espirituosas podrían haber llegado a la Argentina en cascos, desde Gran Bretaña, en 1862? La primera inferencia lógica es el Gin, pero podemos desecharla de plano inmediatamente, ya que ese producto no era descripto como “aguardiente” sino como ginebra, y además casi nunca se lo fraccionaba en cascos, sino en botellas de vidrio,  porrones de gres o damajuanas.  La  segunda posibilidad con mayores chances es algún alcohol de caña tipo Ron nativo de las Antillas o de otros puertos sudamericanos y caribeños, pero eso también se derrumba enseguida, puesto que tales mercaderías arribaban en forma directa y abundante desde sus respectivos países productores, como Cuba, Brasil y Paraguay, con quienes la Argentina tenía una fluida relación comercial, sin necesidad alguna de pasar por Londres (2). Lo mismo sucede con cualquier otro destilado que nos venga a la mente, sea porque se lo asentaba con un nombre distinto, porque no se lo despachaba en cascos, porque era importado en forma directa desde otra procedencia o porque su consumo local resultaba insignificante. Podríamos señalar más fundamentos que le dan consistencia a nuestro postulado, como la agresiva política exportadora iniciada por las destilerías escocesas en esa misma época o la gran colectividad británica instalada entonces en nuestro país, pero creo que lo visto es suficiente. Todos los dedos de la investigación histórica apuntan al whisky como protagonista de esta vieja e intrigante mención, volcada de un modo muy genérico por la pluma de los empleados aduaneros porteños hace 153 años.


Con el correr del tiempo nuestras importaciones se volvieron variadas y suntuarias. El ingreso cada vez mayor de bebidas prestigiosas y caras desde las grandes capitales de Europa obligó a ir abandonado paulatinamente aquellos rótulos primitivos que registraban casi todos los destilados como “aguardientes” y “cañas”, según el caso. En consecuencia,  tanto las menciones de carácter estadístico como las propias marcas de los productos y sus publicidades  se volvieron  más precisas al indicar orígenes,   tipos   y calidades. Como ejemplo emblemático de lo dicho,  el capítulo de comercio del censo 1887 (es decir, 25 años después de aquella aparición inicial) detalla algunos de los especímenes más destacados de la época dentro del segmento que nos ocupa, asequibles por botella en los comercios del ramo: los escoceses Garnkirk, Walker y Higgins, así como cierto ejemplar irlandés sin mayores datos nominales, todo ellos con precios que fluctúan desde los $ 1,25 hasta los $ 1,60 entre 1885 y 1887.


Pero aunque el viejo spirit  ya era reconocido por su auténtica gracia y había disponibilidad de buenas etiquetas embotelladas en origen, su llegada en barriles no se detuvo. Hasta los años finiseculares del XIX e incluso durante las dos primeras décadas del XX  encontramos evidencias concretas de embarques a granel. Para graficarlo elegí cierto cuadro de uno de los tantos y antiguos Registros Estadísticos  que presenta el minucioso resumen de las importaciones whiskeras  durante los años 1891, 1892, 1893, 1894 y 1895, donde puede observarse separadamente la evolución de los arribos en botellas y en cascos.


De dichos números se desprende que mientras el grupo  de  los  embotellados  crece  en  forma significativa, de 3.792 docenas en 1891 a 12.768 en 1895, los cascos se mantienen estables con ligeras oscilaciones entre los 16.000 y los 23.000 litros totales. Es obvio que una modalidad  iba ganando terreno toda vez que la otra se estancaba, pero ello no nos preocupa demasiado porque conocemos el desenlace final, algunas décadas después: para 1930 el whisky importado (3) venía exclusivamente en botellas y los barriles habían desaparecido. Lo que sí nos interesa, y mucho, es saber qué se hacía con todo ese volumen desembarcado en cascos durante setenta años. Descarto el envío directo al consumo así tal cual, porque no conozco testimonio alguno de whisky despachado suelto en bares, cafés o pulperías (algo que llegó a ser frecuente, en cambio, con la caña, la grapa y hasta el cognac). Sólo nos queda entonces una posibilidad, que es el fraccionamiento en nuestro país. Y de ello hay indicios bien claros: en los años previos al 1900 eran frecuentes las  publicidades ofreciendo ejemplares escoceses   con   marcas   ignotas creadas por los mismos embotelladores argentinos, incluso bajo el paraguas de alguna distribuidora o cadena célebre, como la legendaria Gath  y Chaves.


Hoy el whisky es el destilado de mayor éxito en el mundo, con su propia legión vernácula de seguidores y fanáticos. Por eso, no está de más volver sobre sus primeros pasos en esta parte del mundo, cuando la palabra Argentina  apenas empezaba a cobrar significado.

Notas:

(1) Utilizando como parámetro el galón inglés, equivalente a 4,54 litros. Existe también un galón americano de 3,78 litros, pero es muy poco probable que la referencia haga alusión a esta última medida.
(2) Ver entrada del 4/11/2014, “Las importaciones de comestibles y bebidas en los comienzos de la unidad nacional 3”.
(3) En realidad, no hubo whisky que no fuera importado hasta fines de la década de 1940, cuando se elaboraron los primeros ejemplares de  industria nacional.

3 comentarios:

  1. Interesante nota del whisky. Si querés, puedo enviarte algunos avisos antiguos de whisky. Mi e-mail es: arulomban@yahoo.com.ar

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    1. Muchas gracias. A la brevedad me pondré en contacto.

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  2. Buenas tardes, me gustaría ponerme en contacto contigo. En estos momentos me encuentro realizando una investigación sobre vermouths y aperitivos, y valoraría mucho tu sabiduría en el tema. Te dejo mi mail: arulomban@yahoo.com.ar y mi blog en el cual escribo sobre la historia de la coctelería argentina, http://elbarmanclasicoargentino.blogspot.com.ar/

    Saludos. Ariel Lombán.

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