viernes, 30 de enero de 2015

Los "containers" del pasado: cascos, barriles, bordelesas, cuñetes, pipas, bocoys, tercerolas, cuarterolas y toneles

La madera es un material que ha venido acompañando a la humanidad desde sus comienzos. Noble, útil y fácil de trabajar, posee además la ventaja de ser un recurso renovable, a pesar de que esa misma humanidad  encuentra grandes dificultades para entender que “renovable” no significa “inagotable”. Con todo  y más allá de eso (que no constituye el tema central de este blog), es un hecho que la madera fue el contenedor por excelencia para todo tipo de mercaderías líquidas y sólidas, dado que ningún otro material llegó a ser tan utilizado para fabricar recipientes destinados a la guarda y -sobre todo- el transporte de enseres. Veremos a continuación que semejante abundancia quedó muy bien registrada en viejos documentos argentinos de los siglos XIX  y  XX mostrando la amplia variedad de usos,  formatos  y tamaños, muchas veces nominados según las costumbres de cada región del mundo desde donde se despachaban  hacia  nuestro  país.  Y  veremos  también  que  en  la Argentina  llegó a existir una industria tonelera de gran envergadura dedicada a producir recipientes con toda clase de maderas autóctonas.


Los registros pretéritos de mayor confiabilidad documental consisten en estadísticas sobre las importaciones que arriban a nuestros muelles en la segunda mitad de los años 1800. De ello hemos visto algo no hace mucho,   pero si nos enfocamos en el tema específico de los envases de madera surge una asombrosa variedad de tipos y nombres. Analicemos a continuación el significado básico de cada modelo de recipiente mencionado en aquellos apuntes de carácter oficial volcados por los veteranos funcionarios de aduanas:

- Casco: era la más genérica de las denominaciones, referida a cualquier envase de madera más allá de su tamaño o forma.
- Barril: casco pequeño a mediano, desde 50 hasta 250 litros.
- Bordalesa: también conocida como “bordelesa” por ser típica de Burdeos, de donde llegaba una enorme cantidad de vinos, licores, aguardientes y bebidas derivadas. Su tamaño oscilaba entre 200 y 250 litros.
- Cuñete: recipiente chato de forma semi cónica (un poco más grande en el fondo que en la tapa). Era usado mayormente para el transporte de aceitunas  y  otros comestibles.
- Pipa: más grande que el promedio de los barriles, por lo general cercana a los 500/600  litros de capacidad.
- Bocoy: un tipo de pipa voluminosa con alrededor de 750 litros. La denominación es muy típica de ciertas zonas de España, como el Duero.
- Tercerola: expresión empleada para referirse a una vasija cuyas dimensiones se acercaban a la tercera parte de un tonel. Como unidad de medida equivalía a 130 litros.
- Cuarterola: similar a la anterior,  pero referida a la cuarta parte de un tonel.   Sin embargo, como referencia volumétrica apenas se distinguía de la tercerola, ya que su correspondencia era de 120 litros.
- Tonel: recipiente mayor a 700 u 800 litros destinado casi siempre a la guarda estática, aunque se lo descubre esporádicamente en algunas estadísticas de desembarcos aduaneros.


Desde ya debe quedar claro que las diferentes gamas de contenido y configuración visual eran enormemente variables. No era lo mismo el barril español que el barril francés o el  inglés, e incluso sus contenidos fluctuaban según las distintas regiones  de  cada  país.  Tampoco  debemos considerar al roble como el único material utilizado para la próspera y dinámica industria tonelera de la época. Bien al contrario, había un amplio repertorio de maderas, dentro del cual, sin dudas, el antedicho era el más abundante, pero también se explotaban con el mismo fin el castaño, el nogal, la encina y un largo etcétera.  Y la variedad de mercaderías que allí realizaban su viaje no le iba en zaga por su amplitud, con algunas sorpresas que resultan inimaginables en nuestros  días.   Ateniéndome sólo a un breve vistazo de tres  o  cuatro documentos antiguos, puedo mencionar las siguientes, en orden alfabético: aceite de oliva, aceitunas, aguardiente, ajenjo, arenques, bacalao, castañas, caña, cerveza (1), cigarros, cognac, garbanzos, ginebra, grasa comestible, lenguas, manteca, pimienta, salchichón, sardinas, tabaco en rama, vermouth, vinos (de todo tipo salvo espumantes), whisky y yerba mate. Repito que es una lista somera  relativa a los tres ítems de nuestro interés,   que  no abarca todo aquello no comestible,  bebestible  o  fumable.   El uso de los envases de madera quedaba reservado para un único tipo de producto a lo largo de toda su vida útil. Parece algo muy obvio, pero es bueno hacer el comentario por si alguien piensa que un barril de manteca o sardinas se empleaba luego para transportar vino, lo que no ocurría en ningún caso.  En cambio sí era factible la reciprocidad entre productos del mismo género o razonablemente cercanos: un casco de cognac no solamente era apto para vinos, sino que podía llegar a mejorarlos, en especial cuando se trataba de vinos dulces. Del mismo modo, los barriles para transportar pescado (siempre con el añadido de sal) servían para cualquier espécimen de su categoría.


Con ese panorama en vista, la actividad tonelera nacional nació, creció y tuvo su edad de oro entre 1880 y 1950. Aunque estaba dedicada fundamentalmente al ramo de bebidas y muy especialmente al vino (todas las bodegas tenían su sección de tonelería para la fabricación, la reparación y el mantenimiento), hubo otros rubros que utilizaron  la madera como envase, con la curiosidad adicional de que  el repertorio  de  especies englobaba muchos tipos de nuestros bosques nativos.  Una nota de la revista MAN (iniciales del Ministerio de Agricultura de la Nación)   publicada en noviembre  de  1942,  ilustra bien al respecto. Bajo el título “Tonelería con maderas argentinas”, el artículo expone una serie de fotos con los diferentes procesos de fabricación y el siguiente y escueto texto, que reproducimos para terminar: “en tonelería se utiliza una gran variedad de maderas procedentes de distintas regiones del país.  Las cubas se hacen con raulí,  los toneles con algarrobo,  los barriles para el transporte de manteca con maniu,  y los barriles comunes con ñandipá,  ibirá,  catú, guayaibí, aguay-guazú, iberá-puitá, cohiué, guindo, lenga, ñandubay y espinillo, que son apropiadas por sus características para duelas y arcos.”


Notas:

(1) Contrariamente a la idea estereotipada, el barril de madera no gozaba de un uso extendido para el transporte de esa bebida por su permeabilidad y las dificultades que acarreaba a la hora de mantener la presión del gas carbónico. Generalmente, los barriles de cerveza tenían un revestimiento interno de resina que mitigaba en parte sus falencias de hermeticidad, pero la película era  muy delicada y tendiente a romperse ante cualquier golpe o movimiento brusco. Es fácil así imaginar los problemas generados durante las operaciones de embarque  y  desembarco, la estiba,  el movimiento en alta mar y otros episodios habituales del negocio naviero. Incluso un barril bien tratado y guardado perdía completamente su  presión en quince o veinte días, según testimonios de la época. Por tal motivo, la gran mayoría de la cerveza se importaba en botellas desde los años más tempranos del siglo XIX.


2 comentarios:

  1. Hola su trabajo es excelente (desde siempre).
    Me gustaría poder contactarme con usted.
    Mi mail es: vinarquia@gmail.com

    ¡Saludos!

    ResponderEliminar