miércoles, 3 de diciembre de 2014

Antología de entradas: los viejos consumos en el cine nacional

A partir de hoy comenzaremos a presentar con periodicidad mensual un  resumen  antológico  de  las  diferentes  series temáticas que subimos desde los inicios del blog hace poco más de tres años. El primer turno le corresponde al compendio de  los  Viejos consumos en el cine nacional,  cuyas  siete entradas  constituyen  un  vehículo  para  analizar  algunas escenas del séptimo arte argentino en sus mejores épocas. Ya en el primer capítulo del repertorio, allá por el umbral del año 2012,  decíamos lo siguiente:  “no sólo de libros se nutre la investigación  histórica  sobre  los  consumos  del  pasado. También el cine suele contener valiosos testimonios acerca de las costumbres del ayer, a veces con un grado de detalle que ni los propios registros escritos (por obvias razones visuales) son capaces de ofrecernos”. Y es así, en efecto: las antiguas películas de la industria cinematográfica vernácula nos han servido ampliamente en la evocación de muchos pormenores de nuestro interés. Vamos entonces a ver cuáles fueron esas obras, dispuestas en orden de publicación  y con sus respectivos enlaces.


El Viejo Hucha (1942)
En esta extraordinaria pieza podemos observar una escena específica con tres consumos prácticamente desaparecidos o muy poco frecuentes en nuestros días: los ravioles de seso, el vino común en botellas de litro con tapón de corcho y los cigarros toscanos. http://goo.gl/ZKsjo4
Pasó en mi barrio (1951)
Ya casi no quedan en nuestras ciudades los típicos comercios que conjugaban las actividades de “almacén y fonda”. La cinta en cuestión revive aquella modalidad mercantil a través de numerosas y bien activas imágenes de un característico local en pleno funcionamiento. http://goo.gl/UD3d6B
La mentirosa (1942)
Otro tipo de negocio que desapareció hace mucho tiempo (a tal punto que sólo los mayores y memoriosos pueden recordarlo) es el de “bar automático”. La película de marras ofrece una visión inmejorable de ello con toda su parafernalia de curiosos dispositivos para el servicio de comidas y bebidas. http://goo.gl/iTtFNB
Puerto Nuevo (1936)
Con la crisis económica de 1930 surgieron en los grandes centros poblados de nuestro país una serie de asentamientos precarios. La zona costera aledaña al barrio de Retiro fue precursora involuntaria en ese sentido, y allí se formó cierto prototipo comercial que perduró, modificado, en las costumbres gastronómicas porteñas: los carritos de la costanera. http://goo.gl/6T9yoW


 















Un guapo del 900 (1960)
Casi como un verdadero cliché de la imagen más estereotipada del “guapo”, esta excelente película nos brinda un cuadro en el que podemos apreciar varios consumos propios de la época: suissé con goma, caña con limonada y vino tinto, todo ello enmarcado en un no menos proverbial sitio de reunión. http://goo.gl/IKswhi
Mercado de Abasto (1955)
De todos los mercados que supieron funcionar en Buenos Aires, el del Abasto dio lugar a un barrio adyacente con su propia impronta histórica y cultural. La célebre cinta de marras transcurre casi íntegramente en el portentoso establecimiento que le da nombre y en sus proximidades. http://goo.gl/y2vSpR
a nombre y en sus proximidades.El mejor papá del mundo (1941)
No solamente existieron consumos de carácter masivo y popular.   Las   clases   más pudientes también acreditaban costumbres cotidianas en sus maneras de comer, beber y fumar, que hoy han desaparecido. Una larga mesa con dos solitarios comensales sirve como punto de inicio a una escena invalorable en tal sentido. http://goo.gl/B0pzlB


Más de una vez señalamos que los antiguos creadores del celuloide difícilmente hayan sido conscientes que con sus obras nos legaban estos auténticos tesoros visuales. Pero eso no importa demasiado: el hecho es que el fruto de su trabajo perduró y que aquí estamos nosotros para disfrutarlo, examinarlo y tratar de comprenderlo en un sentido de remembranza histórica.

1 comentario:

  1. En "Breve cielo", de David Kohon, del año 1969 también puede rescatarse algo de historia. La trama transcurre en la trastienda de un almacén de barrio y sin que esto sea preponderante le da cierta particularidad. Pero, además, muestra como ninguna película que yo haya visto, los lugares de diversión que había en las galerías subterráneas al Obelisco y también, algunas escenas de un típico baile de club de barrio.

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