sábado, 25 de octubre de 2014

La Argentina, un paraíso del habano legítimo a principios del siglo XX

El consumo nacional de habanos genuinos se remonta a los orígenes de su fama,   allá  por mediados del siglo XVIII.    Los documentos  y testimonios históricos que hacen referencia al dispendio tabacalero de esos tiempos son muy numerosos  y  coincidentes en señalar que su importancia se incrementó notoriamente con el correr de la centuria siguiente. Para la década de 1890, Argentina no sólo acreditaba una considerable importación de puros de los más diversos orígenes, sino que también había logrado conformar  su  propia   y   poderosa  industria merced a políticas que fomentaban la introducción a granel de tabacos extranjeros para su posterior manufactura local. En los inicios de este blog dimos en presentar una serie de entradas relativas al tema (1), haciendo siempre la aclaración  de  que  esa    “primavera”    fabril del tabaco se vio interrumpida abruptamente en 1895 a causa de una serie de acontecimientos altamente negativos para el sector. Sólo la rama de los cigarrillos logró perdurar y ello fue gracias a una fuerte concentración, mientras que la producción de cigarros de hoja empalideció hasta desaparecer casi por completo (2).


Pero claro, semejante eclipse no significó en absoluto una disminución del consumo.  Es cierto que para 1900 los cigarrillos representaban el mayor crecimiento de ventas, pero todavía había mucha gente aferrada a la antigua ceremonia del puro. Con un contexto tan favorable, los importadores tuvieron su oportunidad  perfecta  para distribuir una amplia gama de artículos cuya confección vernácula se había vuelto técnicamente prohibitiva.    No es extraño entonces que el cigarro más prestigioso del mundo, el habano, comenzara a llegar a nuestros puertos de una manera significativa al extremo de la exageración. ¿Por qué decimos eso? Porque hablamos nada más y nada menos que a una oferta de 1.248 vitolas (3) pertenecientes a 44 fábricas cubanas. Ello se desprende de una normativa de carácter impositivo transcripta en el Boletín Oficial de la República Argentina el 24 de septiembre de 1908, día en el que dichos datos aparecen con todo detalle, fábrica por fábrica, marca por marca y vitola por vitola (4), dándonos así la asombrosa certeza de que todas ellas eran introducidas y comercializadas en nuestro país.


Aprovechando tan buena fuente, vamos a mencionar esas cuarenta y cuatro viejas empresas habaneras seguidas por el número de vitolas que acusan en la nómina,    a  fin  de  conocer  sus  nombres  hoy mayormente olvidados: El Aguila de Oro (Bock y Cía) 82, Ramón Allones (Costa Vales y Cía) 59, La Aroma de Cuba 6,   La Africana  (Pino Villamil) 20,   La Antigüedad (Alvarez y Cía) 1, Belinda (López, Corral y Cía) 6, Cabañas (L Carbajal y Cía) 83, La Carolina (J Alonso y Cía) 11,   La Comercial  (Fernández, García y Cía) 5, La Corona (Alvarez y López) 61, Castañeda 59, Teodoro Díaz 12, La Devesa (Pedro Murias y Cía) 66, La Española (Pueyo y Cía)3, Edén (Calixto López) 5, La Excepción (José Gener) 7, La Flor de Cuba (M Valle y Cía) 31, La Flor de Murias (A Murias y Cía)9, La Flor de Inclan (Inclan Díaz y Cía)4, La Flor de Henry Clay (Julián Alvarez) 76, La Flor de José Suárez (Suárez y Cía) 2, Flor de Puro Habano (Antonio Villamil) 1,    Partagás  (Cifuentes, Fernández y Cía) 22,  La Flor de  A  Fernández (Fernández y Cía) 15, La Flor de José Otero 3, Flor de Estanillo (F Rodríguez y Cía) 31, Flor de Moracs 3,  García Alfonso (Gumersindo García Cuervo) 8,  F Gutiérrez 14,    F García Hnos 8, Hoyo de Monterrey (José Gener) 29, La Intimidad (Antonio Caruncho) 27, Juan López 31, La Linda (Viuda de Manuel Camacho) 20, Por Larrañaga (Antonio López Cuervo) 12, La Legitimidad (F P del Río y Cía) 5, La Meridiana (Pedro Murias y Cía)121, La Rosa de Santiago (P Roger y Cía) 6, Romeo y Julieta (López Argüelles y Cía) 14, La Redención (Fernández, Rivero y Cía) 118, Santa Damiana 19, Upmann (H Upmann y Cía) 39, La Vencedora (Manuel López) 30, Villar y Villar (Manuel Moreno) 64.


Una lectura atenta permite inferir que algunos empresarios manejaban más de un establecimiento, empezando por Pedro Murias, cuyas fábricas La Devesa y La Meridiana, sumadas, llevan la delantera numérica  en  materia  de  vitolas    (66   y   121 respectivamente),   al menos en el grupo de los importadores argentinos. Entre las denominaciones asignadas vemos muchos nombres ilustrativos de la época, sobre todo aquellos que evocan  relevantes personalidades políticas europeas, como Predilectos de Bismarck, Kaiser Wilhelm, Prince of Wales y otros apelativos de grandilocuencia monárquica. Pero es justo admitir  que tampoco faltan los del tipo Belgrano o General San Martín, sin duda presentados con exclusividad para nuestro mercado. Debido a que las cargas impositivas eran calculadas en base al peso de mil cigarros,   podemos saber cuánto pesaba exactamente cada modelo.    Llaman entonces la atención algunos guarismos de cigarros que denotan dimensiones colosales, si tenemos en cuenta que un doble corona de hoy pesa alrededor de 18 gramos por unidad: detectamos así cierto modelo de La Meridiana llamado “aroma” con 30 gramos, o una vitola de nombre “soberano” -que ofrecen tanto La Vencedora como La Flor de Henry Clay- con 28 gramos.


Podríamos hablar mucho más sobre estos símbolos de la belle epoque, cuando el lujo y el oropel se exhibían sin culpa, para bien o para mal. Aunque lo visto es suficiente para comprender que tal fenómeno  tuvo su reflejo aquí, por las vísperas del centenario, en esos días en que los artículos suntuarios importados colmaban las vidrieras y estanterías de nuestros comercios.

Notas:

(1) Fue la serie “La edad de oro de los puros argentinos”, con cuatro entradas subidas entre el 28/10 y el 30/11/2011.
(2) Con la digna excepción del cigarro toscano que, bien al contrario, empezaba su época de gloria. Sobre tal desarrollo hemos hablado mucho en nuestro otro blog Tras las huellas del Toscano.
(3) Las vitolas son tipos de cigarros que se discriminan por diversas singularidades, en especial por el tamaño y la forma. Para nominarlas existen algunos términos muy usuales, como corona,  que representa un puro de dimensiones más o menos estandarizadas, aunque puede admitir leves diferencias de formato y grandes diferencias de sabor entre marcas.  En el mercado de los cigarros puros,  cada modelo elaborado por una cierta fábrica representa una vitola, sin importar que tenga características parecidas a las de un cigarro confeccionado en otra firma. Del mismo modo, en el mercado de vinos, cada etiqueta elaborada por una bodega representa un producto único y distinguible de todos los demás, aunque provenga de una variedad común a otras bodegas, o incluso a otras líneas de la misma bodega. Si quisiéramos graficarlo con una comparación muy actual, diríamos que en un hipotético “supermercado de puros”, cada vitola correspondiente a cada fábrica tendría su propio código de barras.
(4) Para el que esté interesado, el siguiente es el link: https://archive.org/details/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_1ra_seccion_1908-09-24  Pulsando la opción de pantalla completa se puede buscar cualquier palabra en el motor de búsqueda del extremo superior derecho y acceder a las páginas correspondientes. En este caso sugiero utilizar la palabra “vitolas”.

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