sábado, 4 de octubre de 2014

Águila Saint, la gran fábrica de chocolates y su catálogo general del año 1935

“Allá por el año 1880, don Abel Saint fundaba en Buenos Aires un pequeño comercio dedicado a la tostación de Café”.  Así comienza la reseña histórica de la que fuera una de las empresas chocolateras más importantes del país: Águila Saint, cuya planta del barrio porteño de Barracas llegó a constituirse como un verdadero símbolo de la pujanza industrial alcanzada por  ese vecindario  en  los  viejos  tiempos.  Todo  ello  lo obtenemos de un completísimo catálogo del año 1935, cuando el establecimiento de marras se encontraba en la plenitud de su envergadura productiva y su alcance comercial. Y para ello basta referirse a algunos números asequibles en este antiguo nomenclador elegantemente impreso (prácticamente un libro de 74 páginas y tapa dura), como los 306 productos ofrecidos a sus clientes -contando cafés, chocolates, cacaos, caramelos, dulces, helados y pastillas en sus múltiples presentaciones y disponibilidades- (1),  o las 95 sucursales abiertas en pueblos y ciudades de todo en nuestro territorio, amén de los comercios emplazados a tal efecto en Montevideo y Asunción del Paraguay.


Pero continuemos con el devenir del emprendimiento. “Hacia el año 1890, después de haber concurrido la pequeña fábrica a las exposiciones de Paraná y de Santa Fe, se incorporaba a la misma la elaboración del chocolate Águila”,  asegura  el  informe,  y  continúa: “el progreso cada vez mayor de esta industria obligó a su fundador a trasladarse del local que ocupaba en sus comienzos (2) a otro situado en la calle Santiago del Estero, del barrio de Constitución”. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo para que el éxito obtenido obligara a un nuevo traslado, esta vez a un terreno de 4.000 metros cuadrados (3) sobre la calle Herrera, entre Brandsen  y  Suárez,  donde  levantó  su  nueva  planta  de chocolatería, tostado de cafés, embalaje y expedición. A don Abel le sucedieron sus hijos Enrique y Pablo Saint, quienes continuaron expandiendo el negocio con la apertura de filiales y el desarrollo de nuevos productos.  Así  queda expresado en el volumen, que asegura: “…más tarde fue agregada la sección “Laponia” destinada a la preparación de las populares cremas heladas,   que  trajo  como consecuencia la creación de una importante planta para pasteurizar y desecar la leche que se utiliza en todos los productos lácteos de la firma”. Y no todo concluye ahí, ya que “…desde hace años la sociedad incorporó los dulces “Corimayo”, elaborados en una moderna planta sita en Burzaco, a unos 30 kilómetros de Buenos Aires, junto al lugar mismo donde son cosechadas y seleccionadas cuidadosamente las frutas que luego se emplean en su elaboración”.


Al momento de editarse el testimonio gráfico que nos ocupa, la empresa contaba con 1.000 operarios de planta, entre hombres y mujeres, sumados al personal de ventas de todas las sucursales diseminadas por el interior, en cantidad de 800 empleados. Para llevar los productos de Saint Hermanos a los distintos rincones del país eran utilizados 300 vehículos, entre automotores y tracción a sangre, y para la distribución de las cremas heladas Laponia existía un cuerpo especial de 700 vendedores ambulantes prolijamente uniformados. Un despliegue que no debe sorprender, por cierto, si tenemos en cuenta la calidad y variedad de artículos creados por la notable factoría, que a continuación enumeramos someramente por grupos genéricos según su aparición en el catálogo: almendras confitadas,  avellanas,  barritas de chocolate,  bizcochos de chocolate, bombones, bomboneras, cafés (en grano, al vacío, express, Santos, superior y torrado), chocolates (presentaciones diversas), chocolatines, comprimidos con leche, coberturas, cacaos, caramelos Ophir, caramelos de fruta, cascarilla, cremas Laponia, dulces Corimayo, dulce de leche, hielo (seco y común) (4), manisetes, mentas al chocolate, nougatines, pastillas (sabores varios), perlas de anís y bombones Tofi, entre otros.


Uno tiende a pensar que semejante portento industrial y comercial no habría de terminar nunca, pero el paso del tiempo suele ser implacable.   Entre cambio de hábitos de consumo, aparición de nuevos competidores y crisis recurrentes, los productos Águila  se fueron opacando a partir de la década de 1970 hasta ingresar en un pronunciado declive que incluyó el cierre definitivo de la gran planta de Barracas,   donde hoy se levantan un supermercado y otros emplazamientos comerciales tipo outlet. Vale aclarar que la marca de chocolates aún existe, aunque éstos son elaborados por un gran grupo del rubro alimenticio, seguramente con mucho menos cacao que en sus buenos tiempos.


Notas:

(1) En diferentes períodos de su existencia, Águila supo contar con otros artículos que no aparecen en el catálogo de 1935, como yerba mate.


(2) Con domicilio en Artes 515 (actual Carlos Pellegrini). En el libro se observa cierto dibujo al respecto, probablemente la reproducción de una antigua foto. La leyenda impresa en el cartel es muy propia de la década de 1880 y anteriores, cuando era común escribir cafee en lugar de café.


(3) Eso ocurrió en 1894. Con el tiempo y numerosas ampliaciones llegaría a 20.000 metros cuadrados, el equivalente de dos manzanas.
(4) La fábrica contaba con una sección de gas carbónico construida a tal efecto, que evidentemente excedía las propias necesidades. El sobrante de hielo era vendido a otras industrias y comercios.

4 comentarios:

  1. Excelente nota! Muero por un comprimido Aguila...

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  2. donde hay un pocillo blanco con plato octogonal que venian de propaganda con el cafe?

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  3. Yo los tengo. Con el sello del aguila abajo de la taza. Tengo 8 pocillos y 5 platos.

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  4. trabaje muchos años en esa empresa. guardo grandes recuerdos.

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