sábado, 13 de septiembre de 2014

El Federal, un bar porteño con ciento cincuenta años de historia

Pocas cosas resultan tan caras a la idiosincrasia de los porteños como sus cafés, con todo el contenido que eso implica: el encuentro, los amigos, la espera, la charla y otras situaciones que conforman un espíritu único y singular, porque un café de Buenos Aires no  es  igual  a  sus  equivalentes  de  París  o  de  Madrid.  En  las  últimas  décadas, desafortunadamente,  muchos de esos lugares cayeron bajo la picota de la modernidad en su peor faceta,  la que trae consigo demolición,  destrucción  y  olvido.  Otros  se reconvirtieron   y   aggiornaron  para adaptarse a los requerimientos arquitectónicos contemporáneos, borrando así la mayor parte de su identidad. De ese modo, son muy pocos los cafés que han logrado conservar el espíritu original como reductos legítimos de la porteñidad.   Uno de ellos acaba de cumplir 150 años en su ubicación primigenia, durante los cuales supo transitar por diferentes rubros no carentes de cierta relación.


Nos estamos refiriendo a El Federal, renombrado bar de San Telmo enclavado en la esquina de Perú y Carlos Calvo, que desde su nacimiento hasta hoy transitó alternadamente por los formatos de pulpería, almacén de ultramarinos, prostíbulo y almacén con despacho de bebidas, para llegar a nuestros días como un bar de referencia absoluta. Desde luego que cada uno de estos perfiles comerciales son de interés para este blog, incluyendo el de Casa de Tolerancia, como se llamaba entonces a los burdeles,  ya que en ellos siempre existía algún servicio elemental de bebidas para matizar la espera de sus clientes. Con todo, y más allá de tales transformaciones, el siglo y medio de existencia representa por sí solo un hito que trasciende la cronología   y   adquiere una dimensión de verdadero acontecimiento histórico. ¿El motivo? Muy simple: ese edificio –que permanece con pocas alteraciones constructivas- fue testigo de todos los acontecimientos ocurridos en la gran urbe  desde  los  inicios  de  la  Argentina  tal  como  la  conocemos  hoy:  epidemias, revoluciones, enfrentamientos, inmigraciones, crisis, movilizaciones, festejos patrios, carnavales y cada suceso urbano imaginable, grande o pequeño, alegre o triste, feliz o trágico.


La efeméride no pasó desapercibida para el acontecer de la cultura barrial, dado que durante todo el año que transcurre fueron y serán  sucesivamente realizadas distintas actividades relativas a su pasado y su presente:  muestras fotográficas, programas especiales de radio,  charlas de especialistas y espectáculos musicales, entre otros. Pero claro, ello no modifica en absoluto la exitosa rutina del singular refugio declarado con toda justicia Bar Notable por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.   Diariamente pasan por allí argentinos   y extranjeros para ver, sentir y deleitarse con la barra de madera maciza y su arco en alzada, los mosaicos calcáreos originales, la máquina registradora del siglo XIX, las patas de jamón colgantes, las cubas de roble francés, la colección de botellas antiguas, las chapas enlozadas y los veteranos avisos publicitarios, que son son parte de su encanto. Las picadas y tablas de quesos, los sandwiches especiales, las tortillas y escabeches, las pastas y panes caseros, los postres tradicionales, la cerveza de elaboración artesanal, la sidra tirada y la amplia carta de aperitivos completan el interés por el lado gastronómico en este rincón santelmeño que vale la pena visitar.


Y ese hilo histórico no ha de cortarse, ya que cada parroquiano que lo visite seguramente sentirá, tal vez por un instante y quizás de modo subconsciente, la misma sensación que experimentaron miles de  hombres   y   mujeres  desde 1864 hasta la fecha.   Acaso, entrecerrando los ojos, se logre escuchar las voces de aquellos que andaban por allí en los tiempos del tranvía a caballo  (cuando la calle Carlos Calvo se llamaba Europa),  o durante alguna de las tantas agitaciones políticas que tuvo nuestro país. Incluso hasta se pueda percibir el fresco olor del río, ese mismo que estaba solamente a cuatro cuadras y en el que no faltaban las lavanderas, los pescadores y la vía costera del Ferrocarril de La Boca.

                          SAN TELMO Y ALREDEDORES EN 1870 – En rojo la ubicación de El Federal


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