miércoles, 25 de junio de 2014

Cafés, Fondas, Boliches y Bodegones en el Bajo Flores

En los tiempos en que fue definitivamente integrado a la Capital Federal (1888), el partido de San José de Flores  contaba  con  una  amplia  porción  meridional  de su  territorio compuesta por terrenos bajos y anegadizos, llamados “bañados”. Aunque la propiedad catastral de las tierras estaba constituida oficialmente por grandes  chacras,  su  renta agrícola o pecuaria resultaba casi nula, al igual que la presencia de población estable. No fue sino hasta la década de 1920 cuando el barrio conocido como Bajo Flores comenzó su urbanización, que avanzó con bastante rapidez merced a los loteos tan comunes en aquel tiempo,  donde muchos trabajadores conseguían el  “terrenito”  para construir la anhelada casa propia. A ello contribuyó también el arribo de las líneas tranviarias 49 y 83 de la Compañía  Anglo  Argentina  (inauguradas en 1913 y 1923, respectivamente),  la apertura del importante Hospital Parmenio Piñero en 1917 y la construcción de los barrios habitacionales Varela y Bonorino hacia 1924 (1). Con todo eso funcionando, no tardaron en llegar los comercios dedicados a diferentes ramos relacionados con la alimentación y el esparcimiento, como son los del quehacer gastronómico.


En una completa reseña histórica al respecto, el historiador, “barriólogo” y especialista en San José de Flores, Ángel Prignano, asegura que “ni bien las primeras casa de chapa y madera asomaron en el horizonte del Bajo Flores, estos locales abrieron sus puertas sobre el viejo camino al cementerio   (hoy Avenida Varela) y la Avenida Del Trabajo (primero Del Trabajo, luego Quirno Costa, luego nuevamente Del Trabajo  y  hoy  Eva  Perón)”.    La   primacía cronológica parece estar en manos de la originalmente llamada Pulpería Don Tranquilo -que con los años y diversas administraciones pasó sucesivamente por los bares El Colón de Flores, Iglesias, Plus Ultra y Piñero-  sita en el cruce de Varela y Asamblea, que atrajo parroquianos de todo el sudoeste porteño hasta los años veinte. Su propietario fundador fue un tal Don Tranquilino, que le dio un nombre casi igual al comercio y vivió una larga vida en la zona. Los cafés mencionados que le siguieron en la misma ubicación supieron ser “cabeceras” de algunas líneas de colectivos como 160  (hoy 50)  y 36,  esta última diferente a la que hoy lleva su misma numeración. En el caso de El Colón de Flores, se trataba de una sucursal del almacén  homónimo (con bar anexo), cuyo letrero anunciaba “conservas, vinos finos, licores extranjeros y del país, aceites y legumbres de primera calidad”.


La lista de sitios dedicados al rubro continuaba con las siguientes presencias:

- Bar Cedrón, en la intersección de Varela y Del Trabajo. Sobre su vereda, en  las décadas del 40 y 50,  se  podía  apreciar  uno de los surtidores de combustible que la empresa YPF tenía instalados en diferentes puntos de la ciudad. Allí también había un poste que indicaba la  salida  de  los  micros  que conducían a los aficionados hacia los hipódromos de Palermo y san Isidro.
- Café, Bar y Restaurante de Antonio Sonego, un ex empleado gastronómico independizado en 1927 para instalar su propio local de almacén con  restaurante y despacho de bebidas.  También allí (Del Trabajo y Laguna) pararon algunas líneas de colectivos, como los de las empresas Pergamino y Argentina.
- Bar El Orden, en Del Trabajo y Carabobo, cuya existencia se remonta a 1910. Todavía existe, con otro nombre y muy venido a menos.
- Bar Albéniz, en Del Trabajo 2616. Fue, además de café, confitería, rotisería, comedor y despacho de especialidades allo spiedo.
- Bar de Baldomero, sobre la esquina NO de San Pedrito y Del Trabajo. Se dice que allí paraban los recolectores de basura con sus chatas (2).
- Bar de Pérez (Del Trabajo y Pergamino), dotado de glorieta a la calle y una sala donde se jugaba a los naipes y se daba de comer. Su vida se extendió entre 1930 y 1945, aproximadamente.
- Café, Bar y Billares Americano, en Varela 1110. Tenía victrolera y numerosas mesas para practicar el juego de su especialidad.
- Bar y Cervecería El Fortín (Varela esquina Zuviría), donde despachaban cerveza tirada  muy requerida por los vecinos. Bajó la cortina en 1989 y luego fue demolido.
- Bar El Libertador, en Varela 1592, frente al cementerio. Era visitado casi exclusivamente por el personal que trabajaba en la necrópolis y sus adyacencias: floristas, sepultureros, marmoleros, etcétera.


Para terminar, digamos que este último nexo entre la gastronomía y el camposanto barrial tuvo su propio y singular     personaje     emblemático,     conocido popularmente  como  El  Lechuza.   El   notable   de referencia solía acomodarse en la mesa de algún bar cercano  con  una copita  de  licor  enfrente, durante horas, envuelto en el humo de su cigarrillo. Siempre estaba atento a cierta señal que podía llegar desde el Hospital Piñero, traducible en el deceso reciente de algún infortunado.  Recibido  el  mensaje,  abandonaba  presuroso  su  escritorio  y  se acercaba  a  los compungidos deudos para ofrecerles los servicios de alguna casa de sepelios, por los cuales (si se concretaban) recibía una comisión.

Notas:

(1) Tales emprendimientos forman parte de un método urbanístico bastante frecuente en Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo XX, que consistía en la construcción de  viviendas   “populares”   con  un  tipo de diseño que se desarrollaba verticalmente, ofreciendo comodidades más que dignas sin abarcar mucho terreno. Otra característica típica era  el emplazamiento de calles separadas por escasos metros, lo que daba lugar a manzanas rectangulares y alargadas en sentido norte-sur. Además de Varela y Bonorino, conjuntos similares de la misma época son el Barrio Cafferata, en Parque Chacabuco, y el Barrio Segurola, en Floresta. Actualmente estas bonitas casas han sido mayormente recicladas sin respetar demasiado su estructura original, aunque hay excepciones.


(2) Por la topografía “deprimida” y el escaso valor de sus tierras, el Bajo Flores sufrió siempre la presencia de vaciaderos y quemaderos de basura,   tanto   legales   como ilegales. Todavía hoy pesa sobre la barriada el estigma de la pobreza y la marginalidad, especialmente en los sectores más alejados lindantes con Villa Soldati.

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