lunes, 24 de febrero de 2014

Las importaciones de comestibles y bebidas en los comienzos de la unidad nacional 1

La  década  de  1860  representa  un  ciclo  sumamente interesante en el pasado patrio. A partir del hito cronológico de  la  batalla  de  Pavón  (17  de  septiembre  de  1861), comienza una nueva etapa para nuestro país con el lento pero seguro afianzamiento de la unidad nacional. Además de ello se destacan ciertos aspectos que mucho tienen que ver con el devenir de los decenios  siguientes,   como  la  incorporación del estado bonaerense a la Confederación, el paulatino desarrollo de los intercambios comerciales, el perfeccionamiento gradual de las actividades agropecuarias y la consolidación del Puerto  de  Buenos  Aires como eje central del comercio exterior.  No  obstante,  se trata de la época con mayor predominio del modelo económico que tanto gustan divulgar ciertos historiadores:  una  Argentina  que  exportaba  solamente  productos  primarios  de la ganadería e importaba casi todo lo demás. Esto es bien cierto durante el tiempo que nos ocupa, aunque iría cambiando en los años posteriores.


El antiguo volumen que presentaremos en una serie de tres entradas  que  comienza  hoy,  permite  verificar  lo  dicho anteriormente con absoluta claridad. Se trata de la “Estadística de la Aduana de Buenos Aires”, que abarca el período 1861-1865  y  ofrece  una  completísima  información  sobre  las diferentes mercaderías comercializadas a través de los puertos de la república (1).  En  la  lectura  del  extenso  informe (755 páginas) queda clara la naturaleza reiterativa de los artículos exportados  por  el país a sus entonces escasos mercados compradores, reducidos básicamente a carne salada, cueros (de vaca, potro, cabra y nutria), lanas, grasa, huesos, cebo, plumas de avestruz, garras, astas y demás efectos del mismo tipo. Como contrapartida se importaba la mayor parte de los productos manufacturados de todas las ramas de la industria, pero nos enfocaremos exclusivamente en aquellos relacionados con alimentos, bebidas y tabacos. Algunas materias primas esenciales, por ejemplo, no contaban todavía con una producción local suficiente para abastecer las demandas de la población.   Tal es el caso del azúcar y el arroz,   que ingresaban en enormes cantidades,  y  de determinadas elaboraciones licoristas básicas provenientes de los más diversos orígenes  - tanto europeos como americanos- ,  apuntadas de modo recurrente bajo la nomenclatura de “aguardiente” y “caña” (2).  Hoy se hablaría de ellas como commodities, pero en aquellos días eran simplemente mercaderías de importación arribadas al país por cuenta y orden de las otrora llamadas “casas introductoras”.


Luego de esta primera nota a modo de preámbulo, vamos a dividir la reseña en dos próximas partes según los distintos estados que tenían relación comercial con nuestro país.   En la primera estarán las importaciones destacadas de los países europeos (Alemania, Bélgica, España, Francia, Inglaterra, Italia, Holanda y Portugal)  y  en  la segunda las de América (Brasil, Cuba, Estados Unidos, Paraguay y Uruguay), así como las de la India, única excepción a la naturaleza bicontinental de nuestro comercio exterior, y  que  suponemos  era  una  simple  extensión  de  Inglaterra  en su carácter colonial relacionado a ese imperio. Aunque el repertorio incluye cinco años completos, nos vamos a centrar en 1861 por su coincidencia cronológica con el inicio del proceso de unificación mencionado al principio, haciendo las debidas observaciones complementarias cuando alguna referencia de otro año  lo amerite.


Lo bueno de repasar el documento de marras estriba no  sólo  en  conocer   cantidades,  variedades  y procedencias de las importaciones argentinas (datos valiosos de por sí), sino también muchos detalles que nos hablan sobre  usos  y  costumbres  vigentes en esos tiempos lejanos.  Los  apelativos  de  ciertos productos, las modalidades de fraccionamiento, los envases más comunes y las unidades de medida serán algunos de los datos a través de los cuales podemos efectuar uno de los viajes en el tiempo que tanto nos gustan  en este blog. Veremos cosas como el  vermouth  en  cascos  de  roble,  la  ginebra  en frascos, la caña en pipas o el aceite de oliva en botijuelas; repasaremos envíos a granel medidos en libras, galones, arrobas, quintales y fanegas; conoceremos algunos artículos actualmente olvidados como la fariña, la pasta para sopa, la yerba paranaguá y el tabaco de mascar. Lograremos así, desde una óptica poco frecuente, saber algo más sobre qué comían, bebían y fumaban los habitantes del país  en los  inicios  de la argentinidad como concepto de sentimiento nacional unificado.


                                                            CONTINUARÁ…

Notas:

(1) Por entonces, la sede administrativa del comercio exterior porteño era el edificio conocido como “Aduana de Taylor”, sito sobre la costa de río en el actual Parque Colón y cuyo extremo exterior todavía está definido en esa gran curva que deben realizar los automovilistas cuando circulan por detrás de la Casa Rosada. La magnífica construcción, obra del arquitecto inglés Eduardo Taylor, fue inaugurada en 1855 y demolida en 1886 para dar lugar al emplazamiento del Puerto Madero. Sus niveles inferiores, no obstante, fueron  rellenados  con  tierra  sin  ser  destruidos,   lo  que  posibilitó  su  recuperación museológica y puesta en valor durante  las últimas décadas del siglo XX. La portada del libro que nos ocupa (en realidad, cinco volúmenes anuales unidos en un solo compendio) lleva como ilustración el famoso inmueble aduanero.


(2) De hecho, nos preguntamos si varias de esas antiguas manufacturas alcoholeras no serán las mismas que años más tarde se hicieron famosas con un nombre definido y asociado a su lugar de origen, pero asentadas bajo designaciones rudimentarias propias de la época. Por ejemplo, es probable que los “aguardientes” y las “cañas” importados hacia 1860 no sean otra cosa que grappa, en el caso de Italia, ron, en el caso de Cuba y cachaça, en el de Brasil, por citar tres ejemplos notorios. En las próximas entradas volveremos sobre ese punto.

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