viernes, 24 de enero de 2014

Antiguas publicidades de la gastronomía hotelera

En nuestros días, la hotelería está fuertemente asociada con el fenómeno del turismo. Resulta  normal que la gente viaje por el puro placer de recorrer lugares, conocer nuevas regiones o, simplemente, disfrutar unos días de descanso en algún sitio alejado. Pero eso no  era  así  en  la  Argentina  finisecular  del  XIX.  Por  el  contrario,  salvo  contadas excepciones, la mayor parte de la ocupación hotelera ti las distintas ciuda estaba relacionada con los viajes de trabajo. El avance de las líneas férreas había comenzado a comunicar los distintos puntos poblados de la patria de un modo seguro y rápido, lo que motivó su uso por parte de  trabajadores   y   profesionales que  recorrían  el  país.   Viajantes  y  representantes comerciales,  gestores,  empleados  públicos  con  tareas  específicas  (inspectores, auditores, etc.),  personal militar o policial y profesionales de la tecnología  (como los ingenieros y jefes que dirigían las obras públicas), eran algunos ellos (1). A esto debe sumarse el conocido fenómeno de la inmigración europea, tan marcada durante dicho período. En ese contexto, la proliferación de establecimientos del ramo hotelero era muy grande y su participación en los espacios publicitarios, creciente. Por ese motivo vamos a repasar algunos viejos anuncios publicados en diferentes medios gráficos nacionales entre 1880 y 1900 (2), con la particularidad de que todos ellos, en mayor o menor medida, hacen alusión al servicio gastronómico.


Comenzamos por un aviso relativo al gremio en cuestión aparecido en el diario “El Plata” en Agosto de 1882 y presentado como Café Restaurant Unión, aunque más adelante aclara que tiene comodidades para  “dar  hospedaje  con  toda  decencia  y  esmero”. Siguiendo esa línea garantiza que cuenta con un  “un  buen  cocinero  a  su  servicio, siempre a precios módicos”. El establecimiento se ubicaba en la calle Pedro de Mendoza, frente a la Boca del Riachuelo, y tal vez de allí viene el énfasis puesto en los elementos de confort disponibles para los Capitanes de Buque, sobre todo por el novedoso aparato telefónico Jower Bell de alta voz.


Luego nos vamos a la ciudad de Paraná en el año 1889, de acuerdo con cierto reclame del Hotel Central publicado en  “El Censor”.  En  este  caso  sorprende  la  referencia  más  que completa sobre las existencias de bebidas y tabacos, a saber: los pasajeros encontrarán siempre un completo surtido de vinos y licores, cervezas de varias marcas, rum (sic), conos, brevas, allones,  regalía,  imperiales,  damitas  y  todo  aquello  que contribuya a llenar los deseos de la clientela más exigente”. Bebestibles y cigarros pasan a ser así tan importantes como las mismas habitaciones, al igual que ocurre en el caso del Hotel Universal  de  Rosario,   que  directamente  publicitaba  las bondades de su nutrida bodega bajo la consigna “vinos, licores, conservas y aguas minerales procedentes de las mejores casas de Europa”.










Volvemos a Buenos Aires, más precisamente a   la   zona   céntrica   costera   de   aquel entonces, con sendos avisos de alojamientos pertenecientes a miembros de la colectividad alemana. Todo indica que tales comercios buscaban una clientela de ese mismo origen, dado    que    ambos    anuncios    están íntegramente escritos en idioma germano. Aun así se destacan las correspondientes  referencias   cerveceras   con   mención explícita de marcas: el Hotel del Norte, sito en el Paseo de Julio (Av. Leandro N Alem de hoy), promociona la   cerveza Quilmes fresca de barril todos los días a 15 centavos el chopp, mientras que su competidor de la calle Corrientes 530 alude a la cerveza Bieckert siempre fresca (3)


Nuestro itinerario histórico culmina hacia 1890 en las ciudades de Olavarría y de Córdoba con dos ejemplos de la publicidad gastronómica de hotel enfocada en la pericia y el renombre de sus respectivos jefes de cocina.  En  el primer caso, el Hotel del Universo afirma que “el ramo de cocina  está  bajo la dirección del señor  Andrés  Presa, acreditado cocinero de los principales hoteles de la capital y últimamente tan conocido en el Azul”. En el caso de la capital cordobesa, la publicidad del Hotel de la Paz no duda en anunciar que posee vinos finos y licores de todas clases, de las mejores marcas. Especialidad en conservas. Magnífico salón para banquetes y salones para comidas de familia. La cocina está a cargo de uno de los más afamados cocineros de Buenos Aires, que se encarga de dar gusto a todos. Para terminar nos detenemos sobre las dos frases plasmadas transversalmente en los costados y que hemos marcado con flecha roja: “frutas de todas clases”, a la izquierda, y “manteca fresca”, a la derecha.


La relación entre la hotelería y la gastronomía, tan en boga actualmente, tiene su origen cronológico mucho más lejos de lo que se puede llegar a pensar. Por eso, no está de más repasar estos invalorables  testimonios del pasado que nos hablan de la historia argentina a través del consumo humano.

Notas:

(1) En el museo histórico de la ciudad bonaerense de Magdalena se conserva el registro de gastos de un contingente de soldados y oficiales que habían asistido a la ciudad con motivo de cierto desfile en los años tempranos del 1900. Ello incluye las erogaciones por alojamiento, comidas y bebidas. El añoso documento es un buen ejemplo del tipo de pasajeros que se hospedaban en los hoteles de la época.
(2) Más anuncios al respecto pueden verse en el sitio del investigador Jorge Di Fiore:  www.publicidadsiglo19.com.ar
(3) En ese caso con error tipográfico incluido: Biekert en lugar de Bieckert. Vale recordar que a fines del siglo XIX la marca pertenecía a su creador, Emilio Bieckert, cuya fábrica se erigía en Esmeralda y Juncal.

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