miércoles, 29 de agosto de 2012

Un legendario oporto argentino de la vieja guardia: crónica de una degustación 1

¿Puede una añosa y desaparecida marca de vinos ser calificada como “legendaria”? Desde luego que sí, cuando el que emplea ese calificativo posee pruebas para sostener semejante adjetivación. Y ciertamente creemos tenerlas, tanto como para asegurar que nos referimos a  un producto emblemático del segmento de los vinos dulces con una trayectoria de ochenta años en el mercado nacional. Y ello, sin contar su generosa presencia en infinidad de testimonios y registros del pasado, desde  libros contables hasta publicidades y obras de la  literatura patria. Así tal cual fue el Vino Cordero, un proverbial artículo de consumo que logró perdurar en las estanterías del comercio vernáculo desde mediados del siglo XIX hasta similar período del XX, lapso en el que obtuvo el reconocimiento público como vino de postre argentino por excelencia.


En 1867, Francisco Cordero comenzó  a comercializar un vino dulce al estilo de los  célebres licorosos europeos que tanta aceptación tenían en el mercado nacional (1). Eran los tiempos en que oportos, marsalas, jereces y moscateles resultaban casi indispensables para las buenas mesas argentinas. Incluso se les atribuían  propiedades cuasi medicinales para todo tipo de malestares estomacales y respiratorios. De hecho, un eslogan típico de la marca en cuestión a lo largo de su historia tenía que ver con el tema, y decía: “El Vino Cordero vigoriza y fortalece. Para postres, banquetes, tertulias, casamientos y bautizos. Por su pureza es un vino ideal, de sabor exquisito y aromático”.   Tal mensaje perduró por ocho décadas  con  ligeras  modificaciones,  tanto  en  las publicidades como en la propia etiqueta. En sus buenos tiempos bastaba pedir “un Cordero” para que el interlocutor -mozo, pulpero, almacenero  o  dependiente  de cualquier local gastronómico del país- supiera de qué se le estaba hablando.
 
 
Para destacar la celebridad y el prestigio que lo acompañó durante su dilatada vida conviene empezar contrastando algunos hechos. Cuando la etiqueta hizo su aparición pública, la industria vitivinícola argentina estaba en pañales. La mayoría de los vinos eran comunes y se fraccionaban en barriles para su despacho directo a la venta. El Cordero, mientras tanto, era envasado en una sólida botella de vidrio adornada por  la vistosa etiqueta que pronto se hizo famosa. En ese orden de cosas, nunca fue un vino barato: su precio se acercaba a los de varios artículos similares del Viejo Mundo. Desde el punto de vista de los testimonios documentales que ya analizamos o que analizaremos oportunamente en este blog, lo encontramos en las siguientes ocasiones:

1898: libro de stock del Ferrocarril Sud, a $ 4,50 la botella de litro
1927: guía comercial del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, a $ 0,40 la copa. (2)
1938: guía comercial del Ferrocarril Sud, a $ 0,40 la copa
1943: revista y catálogo “La Cooperación Libre” de El Hogar Obrero, a $ 2,25 (litro) y $ 1,35 (1/2 litro)

Pero la cosa no se agota allí. Durante todo ese período también era frecuente verlo en los principales medios gráficos de noticias y actualidad, como Caras y Carteas o PBT. Sus propagandas alternaban cándidos mensajes alusivos a reuniones familiares con otros de tono humorístico, en los que no faltaban  las   caricaturas políticas y los versos. Famoso, por ejemplo, fue el anuncio del año 1907 que mostraba una personificación del presidente José Figueroa Alcorta durante una cena con la leyenda: entre ustedes la navidad pasar, en La Haya yo prefiero, por eso voy a brindar, por la Argentina primero,  y el suculento manjar,  de  la  “Frutilla  al Cordero”. (3)  Precisamente, fue entre las décadas de 1890  y  1920  que  la  marca  alcanzó su  cenit  de reputación, popularidad y ventas. Hacia 1930 su estrella comenzaba a declinar lentamente, pero la obtención de un premio en la Exposición Industrial Argentina de 1933 y  1934  le  dio  un  nuevo  impulso,   como  lo evidencian  varios folletos alegóricos impresos para la ocasión  (4). Dos últimos datos refuerzan la fama positiva que tenía el producto. En la comedia ¡Al Campo! de Nicolás Granada, estrenada en 1902, una  escena  presenta  a  la  protagonista femenina intentando suicidarse mediante la ingesta de “Solución de Buffach y Vino Cordero” (5). Finalmente, en el año 1900, el propio Francisco Cordero se presentó ante la justicia junto con varias prestigiosas firmas de bebidas por un sonado caso de falsificación de marcas que involucraba a un  tal Generoso Mosca. Otros querellantes eran Gerónimo Bonomi (por Amaro Monte Cúdine), Otard Dupuy, Cusenier, los hermanos Branca (por Fernet Branca) y H. Secrestat (por Bitter Secrestat) (6).  El hecho da una idea bastante certera de los productos a los que se equiparaba el Vino Cordero.


Bien, la cuestión es que el responsable de este blog pudo hacerse de una botella genuina y cerrada del caldo de marras, cuya fecha de producción se ubica en algún punto del decenio de 1940. Por supuesto, el manjar líquido fue debidamente degustado y analizado por  nuestro eficaz equipo de cata. Pero necesitábamos una entrada previa para profundizar sobre la historia de este mítico vino dulce argentino. La crónica concreta de la degustación estará aquí muy pronto.

                                                            CONTINUARÁ…

 Notas

(1) Todo indica que Cordero nunca tuvo una bodega propia, sino que era una especie de négociant  que compraba vinos en Cuyo (especialmente en San Juan) y los fraccionaba en Buenos Aires. La creación vinícola de su autoría tuvo un éxito formidable que lo sobrevivió por mucho tiempo, ya que falleció el 25 de Julio de 1903. Sus herederas (esposa e hijas) continuaron en  la actividad  por al menos cinco décadas más.
(2) Señalado en la entrada del 30/10/2011
(3) En 1907, Roque Sáenz Peña encabezó la delegación argentina en la Segunda Conferencia de La Haya sobre Derecho Internacional, en representación del presidente.
(4) A partir de 1871, cuando ganó la primera medalla en la Exposición Nacional de Córdoba, el Vino Cordero obtuvo numerosas distinciones en exposiciones locales e internacionales. Su etiqueta y contraetiqueta se caracterizaban por la profusión de imágenes y mensajes relativos a tales logros.



















(5) La Solución de Buffach era un potente insecticida de la época. Evidentemente la escena satiriza el método de suicidio, porque la mezcla combina algo tóxico con un producto reconocido como una delicia.
(6) El fallo se dictó el 21 de Mayo de 1900. El acusado Mosca fue declarado culpable y condenado a pagar una multa de quinientos pesos.
 

3 comentarios:

  1. Hola, tengo dos botellas cerradas de vino cordero. Una de 1 litro, y la otra de 950cc. Y unas cuantas bebidas mas, en iguales condiciones y hasta quizá más antiguas. ¿Sabés de alguien (incluyéndote) que le interese comprarlas?
    Te dejo un saludo y mis felicitaciones por tu excelente blog.
    Néstor.

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    1. Si me dejás una dirección de mail lo charlamos. Saludos.

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  2. ESTE VINO FORMA PARTE DE LA HISTORIA ARGENTINA Y DE LA MADRE PATRIA, EXCELENTE BLOG E INFORMACIÓN CREO QUE HAY MAS DOCUMENTACIÓN INHERENTE A ESTE VINO, TENGO ALGUNAS BEBIDAS ANTIGUAS ENTRE ELLA UN BOTELLA DE 950 CC. SI HAY ALGUIEN QUE SEPA APRECIAR ESTA RELIQUIA LES DEJO MI Email: guillermo.idea@gmail.com

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