lunes, 9 de julio de 2012

Cafés, Fondas, Boliches y Bodegones en Barracas

Zona cerril y bravía por la abundancia de mataderos, saladeros, corrales y quintas de verduras, pero a la vez señorial por sus lujosas casas y residencias de veraneo. Así define el gran historiador porteño Enrique Puccia al barrio de Barracas a mediados del siglo XIX. Pero el mismo vecindario supo transformarse, algunas décadas después, en un activo centro industrial y comercial que perduró hasta las postrimerías de la centuria siguiente. Sin olvidar, por supuesto, el aditamento de ser un territorio de paso  para todos los viajeros que se dirigían hacia el sur, gracias al veterano emplazamiento del legendario Puente Barracas, hoy “Pueyrredón Viejo” (1). En  ese  dinámico  ámbito urbano, social y humano nacieron, vivieron y murieron  muchos locales gastronómicos de todos los tipos imaginables.


Los vestigios documentales sugieren que el más antiguo fue La Luna, en Montes de Oca y Uspallata (2), una  especie  de almacén y pulpería donde paraban payadores y cuarteadores (3).  No obstante, el más famoso resultó ser  La Banderita, sitio mitológico de Montes de Oca y Suárez que debe su nombre al estandarte rojo enarbolado en una larga caña tacuara durante los días de carreras cuadreras. Ya en 1870 se estacionaban allí coches y breques, mientras los changadores esperaban a sus clientes provistos de un correón de cuero  crudo   y  un pedazo de cotín echado en el hombro. De paso, matizaban la espera saboreando un café, una ginebra o un vaso de vino tinto. El local en cuestión tuvo una existencia ciertamente larga, desde 1860 hasta 1983, alternando cronológicamente las actividades de pulpería, café, bar y pizzería. En la imagen siguiente se observa su último semblante edilicio, poco tiempo antes del cierre definitivo.


A partir del 1900,  el crecimiento demográfico estuvo íntimamente ligado a la instalación de más cafés, bodegones, fondas y peringundines en el sur de la ciudad de Buenos Aires. Entre la numerosa lista de comercios  del   ramo  se  destacan  el  bar T.V.O  (Montes de Oca 1778, que fue punto de reunión de músicos, poetas e intelectuales), el Café de Campos (California y Montes de Oca esquina SO, otro reducto de artistas) y la confitería Santa Lucía, cuyos orígenes se remontan a 1890 como sitio para familias distinguidas. Yendo a los lugares para comer, el más célebre exponente de Barracas fue  la Churrasquería de Vera, ubicada en la intersección de Montes de Oca y Río Cuarto. Según Puccia, su renombre era tal que en el clásico del cine norteamericano Hombres de Mar, de John Ford (Long Voyage Home, 1940),  hay una escena en la que varios marineros mercantes lo mencionan como parte de sus recuerdos de viajes a la Argentina. De un modo u otro, el   propio   Puccia   hace   una  mejor  y   muy   evocadora  descripción  del  típico reducto: “quienes allí abrían la boca lo hacían para engullir churrascos descomunales, huevos fritos  que eran  toda una apoteosis,  papas  fritas  doradas  y   crocantes, mondongos y tortillas a la española, estofados, chupín de pescado, lentejas guisadas y budines de pan salpicados con pasas, todo matizado con algún tintillo que raspaba la garganta…”


Harían  falta  muchas  entradas  para  señalar acabadamente los comercios del ramo situados en un barrio cuya historia está tan  bien documentada como el que nos ocupa, pero mencionaremos sólo algunos a título de homenaje: Los Arbolitos, La Bola de Oro, El Ombú, El Barquito, Tres Esquinas (donde este humilde servidor tuvo la dicha de cenar en su niñez), Il Trovattori, El Gauchito y  la fonda  Del Catalán, entre otros. No podemos pasar por alto los sitios históricos que todavía permanecen en pie y pueden ser visitados. Ellos son los bares  El Progreso, en la esquina SE de Montes de Oca y California, La Flor de Barracas, en Suárez casi esquina Vieytes, y el restaurante  El Puentecito, en Vieytes y Pedro de Luján, muy cerca del histórico viaducto que cruza el Riachuelo. Según creo, este último es el local porteño de gastronomía más antiguo  que ha  llegado  hasta  nuestros  días  sin   grandes modificaciones, ya que data de 1873, tal como se evidencia en su construcción esquinera sin ochava (4). ¿Un auténtico bodegón de 140 años? Vale la pena visitarlo…

Notas:

(1) El Puente Barracas fue el primero establecido sobre el Riachuelo. Aunque  está situado en el mismo lugar desde 1791, tuvo una lógica sucesión de ejemplares físicos conforme progresaban  la ingeniería y los materiales de construcción. El original se denominó Puente de Gálvez y fue incendiado en 1806 para evitar el paso de los británicos durante la Primera Invasión Inglesa. Construcciones posteriores fueron remplazadas por vetustez, derribamientos por crecidas y otros motivos de orden práctico. El actual puente “viejo” data de 1934 y es el que aparece en la primera foto de la entrada.
(2) Hasta 1893, la Avenida Montes de Oca se conocía como “Calle Larga de Barracas”.
(3) Los cuarteadores eran jinetes empleados por las empresas de tranvías a caballo que se apostaban en ciertas calles con pendiente, donde los vehículos tenían  dificultades para subir. Provistos de un animal pesado y de buen  tiro (como un percherón),  se sumaban a los equinos que traía el tranway y de ese modo lograban trepar el inevitable accidente topográfico urbano. Una vez efectuada la tarea, el cuarteador volvía a su puesto (el café o boliche correspondiente)  y simplemente debía aguardar la llegada de otro tranvía de la misma empresa.


(4) Aunque la ordenanza data de los tiempos de Rivadavia,  recién en 1880 se hizo efectiva la prohibición de construir en  las esquinas con un ángulo de 90 grados. Por tal motivo, los edificios sin ochava que perduran en la ciudad delatan ser anteriores a ese año.

2 comentarios:

  1. Gustavo, excelente nota!! Cada vez que puedo me hago una escpada a La Flor de Barracas! Es EXCELENTE! Los gnochis rellenos son memorables! Asi como la atención. Todo de primera! Saludos!
    Martin Perez Cambet

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  2. Excelente reseña de historia y gastronomía de Barracas.
    Me gustó mucho!!!
    Saludos.
    Axel

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