martes, 22 de mayo de 2012

Los últimos Avanti de la CIBA: crónica de una degustación

A partir de este día, Consumos del ayer deja de ser un blog dedicado exclusivamente al relato pasivo de hechos y cosas del pasado para transformarse, además, en un activo degustador y analista de diferentes productos pretéritos que arriban a sus afortunadas manos. Dicho de otra manera, comenzaremos a incluir algunas catas de tabacos y bebidas antiguas que, por su naturaleza, son proclives de ser consumidas varias décadas después de su elaboración y fraccionamiento sin una pérdida irreparable de características originales. Queremos así dar un testimonio fidedigno de la sensación  que genera  probar los cigarros, vinos y alcoholes (transformaciones cronológicas mediante) de otros tiempos, tratando de reproducir, en la medida de lo posible, algún pequeño rasgo de la vida cotidiana en  las épocas a las que pertenecieron. Para comenzar con esta especie de “máquina del tiempo” de los sentidos elegimos unos toscanos Avanti originales de la Compañía Introductora de Buenos Aires (1) fechados entre los años 1950 y 1958 (2), que llegaron al autor de este blog vía un conocido sitio de remates de internet (3). Para  la ocasión acompañaron al que suscribe algunos amigos interesados en el tema: Enrique Devito (co-degustador) y Augusto Foix (fotógrafo ad-honorem), quienes compartieron el momento tan especial gracias a los buenos oficios de Jorge Martínez, dueño de la casa en que fue realizado el análisis sensorial de los singulares ejemplares.














Como toda compra realizada en la web, la primera verificación de rigor fue la concerniente a la autenticidad de los especímenes adquiridos. Una mirada rápida no dejó dudas al respecto: envase en buen estado pero con signos lógicos de la edad, cierre del paquete irreprochable y configuración de los toscanos que evidencia una manufactura totalmente a mano, por su formato troncocónico mucho más pronunciado que sus similares de hoy en día (es decir, más gruesos en el centro y muy “finitos” en las puntas, lo cual sólo se puede obtener de manera manual). Algunos otras características como la textura y cierto aroma “a viejo” del tabaco en crudo reforzaron  nuestro completo convencimiento sobre la genuinidad de los que íbamos a probar. El corte al medio de uno de los cigarros (el paquete trae dos)  para su consumo en la modalidad del mezzo toscano no presentó ningún tipo de problemas y dio una prueba más del excelente estado en que se encontraban los productos.


El encendido fue efectuado sin incidentes, y a partir de entonces nos dedicamos realmente a paladear con detenimiento estos arquetipos tabaqueros del siglo pasado. Una de las sorpresas iniciales fue el tiro perfecto hasta el final, firme y parejo, de combustión lenta, en coincidencia con la respuesta compacta (sin llegar a ser dura) de los toscanos a la presión de los dedos. Por su parte, el sabor del tabaco era lo que esperábamos, o incluso un poco mejor: rico, mineral, con cierto tono “añejo” difícil de definir pero muy evidente al momento de su percepción. Seguramente, a mediados del siglo pasado, había una mayor proporción de tabaco Kentucky en la composición de la mezcla, y aunque esto es sólo una conjetura, tiene un fuerte sustento documental  que hemos analizado debidamente en las entradas correspondientes a la legendaria marca argentina que nos ocupa. Creemos, en definitiva,  haber confirmado esa teoría mediante la degustación. Otra diferencia manifiesta respecto a sus similares actuales es la ausencia total de aromas y gustos “verdes” o herbáceos, ya que, por el contrario, la gama de sensaciones experimentadas estuvo completamente incluida dentro de los rasgos propios del tabaco maduro y bien estacionado.


No se puede dejar de señalar la notoria excelencia del armado de los ejemplares que se practicaba en los buenos tiempos de la CIBA de Villa Urquiza, no sólo porque soportaron óptimamente el paso de las décadas, sino por la uniformidad y resistencia de la ceniza, que se mantuvo en su lugar por muchos minutos sin el más mínimo desprendimiento. Podemos decir que concluimos esta “fumata histórica” con una satisfacción por partida doble, que suma al simple hecho de disfrutar unos míticos Avanti de la CIBA el beneplácito de haberlos encontrado en tan buena condición. Para terminar, vale una aclaración respecto al título de esta entrada. ¿Por qué hablamos de “últimos”? ¿Acaso porque descartamos volver a probar otros ejemplares viejos en el futuro, o porque fueron los últimos que se hicieron? En realidad, por ninguno de esos dos motivos. Lo de “últimos”  viene a colación con la época que representan estos increíbles puros de estilo italiano, allá en la década de 1950, cuando la fábrica que los manufacturaba estaba a punto de abandonar su primitiva ubicación y el consumo de cigarros  iniciaba una franca debacle. Son, al fin y al cabo, símbolos del final de cierto modo de vivir que ya no existe, como extraños representantes de un mundo desaparecido. Vaya suerte que tuvimos de probarlos…y vamos por más, puesto que pronto seguiremos en el mismo camino con más degustaciones de tabacos y bebidas del ayer. Así será.

 Notas:

(1) La historia de la marca fue repasada en las entradas del 8/11 y 8/12 de 2011.
(2) El “fechado” de los cigarros y cigarrillos argentinos antiguos cuenta con accesorios del packaging que facilitan esa tarea -como las estampillas fiscales, que casi siempre ostentan alguna referencia de los numerosos decretos y leyes que reglamentaron la actividad a través de los años-, con lo cual es posible ubicarlos cronológicamente dentro de períodos relativamente cortos. A veces, como en este caso particular, cierta leyenda impresa directamente en el envase resulta incontrovertible. La frase “ley 11275”, por ejemplo, no deja dudas sobre la época de elaboración y venta de los Avanti catados, puesto que tal inscripción fue obligatoria durante los años 1950 y 1956, ciclo al que añadimos un par de años más como posibilidad  lógica de extensión de la costumbre o de una eventual demora en llegar al consumidor final. El precio de venta al público es otro indicio temporal de gran utilidad.


(3) El vendedor de estos toscanos estaba radicado en Azul, provincia de Buenos Aires. Hace algunos años adquirí otros dos paquetes del mismo producto en Bahía Blanca. En una entrada futura también degustaremos toscanos de la marca Génova cuyo vendedor era de la zona de Pergamino,  y un viejísimo “oporto” argentino localizado fortuitamente en La Pampa. Es un dato ciertamente interesante que estos veteranos productos son hoy casi imposibles de hallar en las grandes ciudades, pero que aún se conservan en contextos rurales o semi-rurales, generalmente asociados a viviendas campestres habitadas por ancianos que fallecieron, antiguas pulperías demolidas  y otros entornos por el estilo. Ya nos extenderemos sobre el particular cuando llegue el momento de testimoniar más degustaciones.

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