miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cuando la cerveza venía en botella de gres

Quienes nacimos en la segunda mitad del siglo XX nos acostumbramos a pensar en la cerveza como una bebida presentada en botellas de vidrio o en latas. Sólo las viejas películas son capaces de poner en nuestro conocimiento que alguna vez existieron otros métodos de fraccionamiento y expendio, como los barriles de roble. Pero poco sabemos acerca de una manera de envasar la cerveza para su despacho al consumo que fue extremadamente común  y popular durante la mayor parte del siglo XIX y los comienzos del XX. Se trata de las botellas de gres, un material cerámico de alta calidad y mucha resistencia, al punto de que las botellas, una vez desechadas, solían ser empleadas como soportes en la construcción de contrapisos.
La industria cerámica tuvo un gran desarrollo en la Inglaterra victoriana debido a que las fábricas empleaban una enorme masa de obreros, lo que provocó la necesidad de subsidios estatales para evitar el achicamiento o el cierre de las factorías durante las épocas de crisis. Por ese motivo, los envases de gres provenientes de las islas británicas eran relativamente baratos en comparación con el costoso vidrio, que además no había sido plenamente desarrollado a escala industrial como sí lo estaba el material que nos ocupa. Los primeros registros de cerveza inglesa fraccionada en gres e importada desde nuestro país datan de principios del siglo XIX. A partir de 1820, y especialmente luego de 1840, la proliferación de fábricas artesanales de cervezas argentinas produjo un fuerte incremento en la importación de botellas para abastecer a esta próspera actividad.


De hecho, desde la década de 1840 hasta bien entrado el decenio de 1890 la cerveza se consumía más que el vino, como lo demuestran los descubrimientos arqueológicos urbanos. Al respecto, Daniel Schavelzon (1) señala que "la bibliografía de la época está signada por este tipo de descripciones, ya que el consumo de cerveza y de ginebra en el siglo XIX superaban ampliamente al del vino, por lo que se introdujeron al país millones de botellas que aún son habituales en contextos rurales. Su alta calidad ha hecho que, pese al tiempo transcurrido, aún continúen en uso o se conserven en excelente estado".
El correr de los años hizo que a los envases más antiguos, presentados con simples etiquetas de papel, se sumaran otros mucho más vistosos y elaborados, con la marca incisa en el mismo gres o con etiquetas cerámicas de color generalmente celeste. Los tres tamaños más comunes eran los de 350, 400 y 600 centímetros cúbicos.



El gran consumo de cerveza en esos tiempos queda evidenciado no sólo por la gran cantidad de ejemplares que se descubre en las excavaciones, sino también por el número de fábricas existentes. La crisis de 1890 produjo las primeras quiebras y la actividad se redujo en un 25%, de modo que en 1895 fueron censadas 61 fábricas en toda la Argentina, que empleban a 957 personas (2).
Todo indica que existía una buena variedad de tipos y sabores. De acuerdo con documentación analizada por el especialista Jorge Di Fiore (3), vale el ejemplo de la Cervecería Italiana de Antonio Lagomarsino, que solicitó la adjudicación en 1876 de las marcas suyas en uso, con los nombres “Cervecería Italiana”, “Birra di Chiavenna”, “Bockbier”, “Cerveza Alemana” y “Porter”, cada una de las cuales tenía distinto sabor.
Para evitar que la presión hiciera saltar los tapones, los porrones venían cubiertos por un bozal metálico similar al de las botellas de vino espumante, cuya parte superior solía llevar el dibujo de una cabeza de chancho. Ello hizo que durante años se conociera al envase más extendido (el de tipo sinusoidal) con el apodo de "chancho" (4). Tampoco hay que descartar que al uso del apelativo ayudara, en parte, el perfil bajo, rechoncho y de color claro que presentaban los simpáticos contenedores cerveceros.


A comienzos de la Primera Guerra Mundial el gres fue perdiendo protagonismo paulatinamente a manos del vidrio. La última importación argentina de estas botellas se realizó en 1916, pero es razonable suponer que la reutilización de los sólidos envases hizo continuar su empleo por un par de años más. Luego, aquellos nobles recipientes, casi indestructibles, pasaron a cumplir funciones hogareñas decorativas (floreros) o prácticas (cantimploras, "bolsas" de agua caliente para cama), pero ya no volvieron a verse en las mesas de fondas, pulperías y boliches. Por fortuna, su extraordinaria resistencia conservó miles de ejemplares para la posteridad.

Notas:

(1) Arquitecto y arqueólogo. Titular de Centro de Arqueología Urbana de la UBA. Existen intersantes notas sobre arqueología de Buenos Aires y de otros sitios de América en su página http://www.danielschavelzon.com.ar/ y en la del CAU http://www.iaa.fadu.uba.ar/cau/
(2) Datos del censo 1895 citados por el Sexto Congreso Nacional de Estudios del Trabajo.
(3) Coleccionista e investigador. Posee una nutrida colección que se puede ver en su web http://www.botellasdecerveza.com.ar/  junto con documentos, testimonios y datos relacionados al gres.
(4) En la entrada del 30/10/11 "Cuando el vino se tomaba en tren" mencionamos la extraña presencia de la cerveza "Chancho" en 1927, es decir, casi 10 años después de que dejaran de importarse los envases de gres y cayeran en desuso todas las costumbres aledañas a ellos. Una posible explicación es que en Uruguay existía (y exisitió hasta la década de 1970) una cerveza con esa misma marca explícita. ¿Se importaría desde Argentina? Eso es muy posible, como lo indican algunas publicidades en la revista argentina "Caras y Caretas" de la década de 1910. La siguiente es una antigua etiqueta de la cerveza marca Chancho


2 comentarios:

  1. Hola !!! Una de las fotos es de una botella que pone Luis Calisalvo San Sebastian (España), Sabrias decirme si es de cerveza o de otro tipo de bebida???
    Un saludo

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  2. Si puedes ponerte en contacto conmigo, mi correo es beermania81@gmail.com

    Saludos desde España

    Sergio Garcia

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